Dignificar el arbitraje, una tarea de todos
Hay que empezar por incidir en el comportamiento de los más pequeños a través del papel de sus entrenadores y animar en la tarea a los padres.
El partido lo estaban jugando dos equipos de chicos adolescentes. El juego transcurría con cierta tensión debido en parte a la igualdad en el marcador y también a los gritos de un buen grupo de padres y madres que además de animar a los suyos protestaban con insistencia cualquiera de las decisiones adoptadas por el árbitro. En uno de los muchos lances del partido un defensa hace una fea y violenta entrada a un atacante que se queda tendido en el césped lesionado.
El juez del partido dicta sentencia: Falta y expulsión del defensor.
Ingenuamente supuse que el entrenador o los padres del jugador expulsado tratarían de hacerle ver lo justo de la sanción o la fealdad de la acción que bien pudo haber finalizado con una lesión grave de un compañero. Pero sucedió todo lo contrario. Los padres arrecieron en sus quejas y protestas llegando al insulto continuo. Ya no había tregua. Todo lo pitado, lo señalado, lo sancionado les parecía mal y les llevaba a descargar en el joven colegiado sus iras, sus impotencias y sus frustraciones. El partido llegó a su final. El árbitro no pudo aguantar más y se echó a llorar. Aquella imagen del chaval vestido de negro dirigiéndose a su vestuario sumido en un mar de lágrimas me impactó todavía más cuando observé como una persona que trataba de consolarle con palabras de cariño era increpado por otros espectadores. Me acerqué para reconocer aquel gesto de apoyo y reforzar a la persona que había salido en defensa del árbitro. Me lo agradeció con una sonrisa y un buen apretón de manos. Después me enteré que era el padre del árbitro.
El final de la temporada del fútbol regional navarro ha estado salpicado con incidentes graves en los que los árbitros se han llevado la peor parte y en ocasiones la parte entera en forma de agresión física. Sin embargo la realidad no puede quedar marcada únicamente por esos hechos como si fuesen incidentes aislados. La realidad es que los árbitros sufren agresiones de carácter sicológico jornada tras jornada, como la sufrida por ese chico que salió llorando, a las que se les dan muy poca importancia. Parece como si existiera una norma no escrita que justificase la crítica a la función arbitral como un elemento más del juego.
Desde los distintos ámbitos del deporte, empezando por la propia federación, pasando por las instituciones con responsabilidad en la materia y acabando en los diferentes clubes se debieran tomar decisiones encaminadas a resolver este problema con el fin de que la figura del árbitro se pueda entender como la de un deportista más que forma parte del juego y evitar presentarlo como el responsable directo de los males de los equipos, el origen y la causa de la mayor parte de los errores que se producen en el terreno de juego y una fuente continua de problemas.
La prevención tiene su fundamento en la educación. Hay que empezar por incidir en el comportamiento de los más pequeños a través del papel de sus entrenadores y lógicamente animar en esta tarea a todos los padres, primeros responsables en la marcha de sus hijos. Hay que cargar de valores positivos los juicios públicos realizados sobre los arbitrajes y dejar de recordar constantemente en las páginas de los periódicos todos los errores cometidos por los árbitros que acuden al partido de casa. Es necesario realizar una campaña que dignifique la figura del árbitro como juez deportivo aún sabiendo que comete y seguirá cometiendo errores.
Los jugadores de las categorías inferiores se miran en el espejo del fútbol profesional. Los comportamientos y las manifestaciones de sus futbolistas, entrenadores y dirigentes adquieren una especial relevancia en los medios de comunicación y se convierten, aun sin ellos pretenderlo, en una referencia para los jugadores, entrenadores y dirigentes del fútbol local.
La gente del deporte sabe mejor que nadie que para conseguir darle la vuelta a un partido que se va perdiendo es necesario introducir cambios: Cambios de esquema táctico, cambios de jugadores, cambios de planteamiento, cambios de actitud.
Estoy convencido que el mundo del fútbol detesta la violencia y reconoce la labor arbitral pero eso hasta el momento se viene mostrando insuficiente. Para ganar el partido del “respeto al árbitro” es imprescindible hacer cambios y en casi todas las líneas y es necesario empezar cuanto antes.
Navarra que es tierra donde se quiere y entiende el deporte y que también es un referente en el terreno de la deportividad debe dar un nuevo paso adelante ofreciendo propuestas novedosas y eficientes que ayuden a resolver un problema que por desgracia está extendido por todo el fútbol español.
Javier Trigo
Director del Servicio de Deportes de la Universidad de Navarra y Miembro del Consejo Navarro del Deporte.
Fuente: diariodenavarra.es
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